Hace muchos años, ya como adulta, pude finalmente vivir en la casa de mis sueños. El lugar, las personas, el cielo, el clima, todo parecía el maravilloso mundo de la Barbie. Las casas, que eran similares, resplandecían pintadas de blanco o colores pasteles, la grama perfectamente podada. En cada porche había un adorable perrito, o al menos estaba su casita esperándolo. Hasta las gentes parecían muñecos, todos delgados, guapos, perfectos. Pero la más bella de todas, era Ana, mi vecina.

Si había una vida perfecta, era la de Ana. Parecía una modelo, su casa era hermosa, su carro, el del año, y además tenía tres niños absolutamente bellos. Su esposo parecía el Ken. Ana no trabajaba en la calle, sino en su casa. Se encargaba de mantener aquel estilo de vida fabuloso. Era lo que se llama en aquel lugar, una “soccer mom”, o sea, aquella que en las mañanas hacía el mercado y mantenía el hogar impecable, para luego, en la tarde llevar a sus hijos a todas las actividades extracurriculares que requiriesen.

En aquella época, yo también al igual que casi todos creía que era posible tener una vida perfecta. Para ello, había que cumplir con muchos cánones y patrones previamente establecidos por la sociedad o la familia. Lucir de cierta manera, ganar cierta cantidad de dinero, emparejarse con alguien que luciese de tal y cual forma, obtener cierto número de títulos, certificados y cualificaciones antes de tal o cual edad. Etc. Todo era una carrera contra el tiempo, donde abundaban los límites y los territorios estaban demarcados.

vida perfecta
Era inmensamente estresante, aburrido, predecible y lacónico, sin embargo, para que no lo pareciese, se nos inculcaba algo desde temprana edad: la competitividad. Así que pasábamos nuestra infancia, adolescencia y juventud saltando en una carrera de obstáculos para poder ser merecedores de toda esa perfección que debíamos alcanzar para a su vez se aceptados, respetados y hasta glorificados por nuestra familia o sociedad.

Estaba tan ocupada en mi propia carrera que poca importancia le daba al hecho que la buena apariencia, el dinero o la capacidad intelectual o atlética, ni garantizan la felicidad, ni ofrecen protección alguna contra los desafíos psicológicos y emocionales de la vida. De hecho, muchos de aquellos elegidos, a menudo ven sus supuestas ventajas como una verdadera carga.

Leer: Despertando la Diosa que esta en ti

Sin embargo el ser humano es un ser social y resulta fácil caer en comparaciones. Para mantenernos aún más ocupados, el énfasis de la competitividad está en la comparación. Entonces se generan, estereotipos y modelos para todo, los cuales sustentan a su vez toda la red de consumo planetario.

Y allí estaba yo admirando a Ana mi perfecta vecina, de todo corazón. Debía medir al menos 30 cmts más que yo, era infinitamente más esbelta, tenía los ojos de un profundo olor azul que parecía el cielo en la mañana más pura, y además había logrado tres niños tan perfectos como ella misma. Nada de lo cual yo tenía, y eso me parecía ciertamente terrible e injusto. ¿Por qué no podía yo ser como ella?

Hasta que una mañana vi como la sacaban en camilla de su casa, directo a la ambulancia. Estaba inconsciente. Tuve que enterarme que era su cuarto o quinto intento de suicidio. Ken la maltrataba, y ella se auto-maltrataba aún más. Escuché a alguien comentar que según ella, su vida era un perfecto infierno. Definitivamente, su grama no era, tan verde como parecía al otro lado de la verja.

vida perfecta

Hoy, muchos años después, todavía la recuerdo y la honro. Creo que su sacrificio me abrió los ojos hacia la realidad de la vida. Definitivamente la felicidad no está en perseguir los sueños de los demás, o el querer ser como otra persona. La felicidad está en ti y el camino hacia ella parte de autoconocerte, aceptarte y valorarte tal cual eres. No tiene nada que ver con lacerarte por lo que no tienes o crees que no has logrado, porque ciertamente no tienes nada que tener ni nada que lograr.

La vida es diferente para cada quién y cada quien habrá de construirla o no, a su modo y con lo que ya tiene. Eres perfecto tal cual eres y no tienes nada que buscar fuera de ti. Cuando aceptas la abundancia que ya te fue dada, atraerás más abundancia. Cuando te ames, atraerás más amor. Siempre agradece por lo que tienes.

Leer: ¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer?

Ahora que recuerdo, jamás vi a Ana disfrutar de sus hijos, ni sentarse en la grama a saludar el día. Por experiencia sé que el vivir al máximo no es vivir esclavizado, sino ser libre. Ana me mostró, el inicio de mi largo camino hacia mi liberación personal y siempre la honraré por eso.

Ahora si me disculpan, los dejo. Voy a arreglarme para salir a un museo y disfrutar del arte en todas sus formas. Seguramente me coma algo rico y tome un poco de sol en compañía de mis amigos bohemios.

Acuérdate de vivir,

LUZ Y PAZ PARA TI,

LIDIA NESTER
Especialista en Medicina Complementaria y Alternativa
Maestra Terapeuta Holística
Personal Coach
Ansiedad, depresión, problemas de pareja, sanaciones a distancia

PARA TERAPIAS EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDIO, CONTÁCTAME POR:
artesaludve@gmail.com
http://www.lidianester.com/
https://www.facebook.com/lidianesterint
Twitter e Instagram: @lidia_nester

About the Author

Especialista en Medicina Complementaria y Alternativa
Maestra Terapeuta Holística
Spiritual Coach

Related Posts

Expresar el amor es tan importante como el acto de amar… Déjame que te haga una pregunta. ¿Alguna...

Para todos los que atraviesan una infidelidad – o les sucedió en el pasado -… lo que puedes aprender...

En las relaciones largas, puede convertirse en un reto el mantener viva la llama de la pasión. La...

Leave a Reply

Por favor espera...

Suscríbete a nuestro boletín

¿Quieres recibir un aviso cuando se publique nuestro artículo? Introduzca su dirección de correo electrónico y nombre para ser el primero en saberlo.